Las migratorias cinegéticas y el cambio climático

La cuenca Mediterránea conforma un área con gran biodiversidad y con gran heterogeneidad de ambientes que se localiza en una zona estratégica, actuando como encrucijada entre tres continentes (Asia, Europa y África), albergando poblaciones de aves que en sus rutas migratorias encuentran aquí las condiciones ambiéntales más propicias para su supervivencia. El Mediterráneo es un paso obligado para millones de individuos que, para completar su ciclo biológico, transitan entre las áreas euroasiáticas hacia las zonas tropicales del continente africano. De esta manera, las aves llegan a criar desde el sur, mientras que en otoño llegan desde el norte evitando el frío de esas latitudes. En este movimiento migratorio, la Península Ibérica se localiza geográficamente en una ubicación estratégica para canalizar este flujo de las poblaciones europeas, hacia y desde África, a través del estrecho de Gibraltar.

Existen estudios científicos que avalan los cambios profundos que en las últimas décadas está experimentando el clima, de manera que en las zonas templadas y boreales del hemisferio norte la primavera se está adelantando, mientras que el otoño se está retrasando. En el caso de las aves migratorias, estos cambios climáticos originarían variaciones en las pautas de su comportamiento viajero. Que las aves puedan adaptarse a estas nuevas condiciones va a depender también de los mecanismos biológicos implicados en sus procesos adaptativos, teniendo en cuenta que pueden adaptar su calendario migratorio en función de las condiciones ambientales que encuentren a lo largo de sus viajes, es decir, que la fenología migratoria presenta plasticidad, pero es necesario analizar y estudiar cuantos días podría llegarse a modificar como máximo el citado calendario migratorio.

Ahora bien, la heterogeneidad que existe entre los ciclos vitales en las distintas aves migratorias impide proponer una hipótesis general sobre el impacto del cambio climático sobre sus comportamientos, lo que requiere estudios científicos meticulosos sobre cada especie en particular. La tarea por tanto no se antoja sencilla, pero tampoco es imposible.

No cabe duda que el colectivo de cazadores es consciente de los cambios que se están produciendo en el clima en un corto periodo de tiempo. El “cambio climático”, también para la gestión cinegética, supone hoy en día un reto ambiental que debe afrontarse con racionalidad y coherencia, adaptando la actividad a las variaciones fenológicas que se están observando en las aves migratorias que tienen interés cinegético. Las aves conforman el grupo animal que evidencia el mayor impacto por las alteraciones que se producen en las distintas variables climáticas.

En este sentido la promoción y participación conjunta a nivel nacional de las distintas entidades deportivas de caza en estudios sobre fenología migratoria, con el concurso de las distintas administraciones autonómicas, universidades y entidades conservacionistas, es crucial para analizar el comportamiento de las principales aves migradoras que tienen aprovechamiento cinegético.

No es una tarea fácil, habida cuenta que hoy en día las competencias en materia de caza están transferidas totalmente a las Comunidades Autónomas, produciéndose a nivel nacional una amalgama de normativas sobre distintos periodos de vedas que no facilitan la gestión. Otro aspecto a tener en cuenta es que se trata de un problema que trasciende las fronteras de distintos países europeos y africanos, lo que complica aún más si cabe la cuestión. Por tanto, todo trabajo encaminado a analizar los impactos que el “cambio climático” produce en el comportamiento migratorio de estas aves, debe sustentarse en la implementación cómo mínimo de estrategias de gestión a nivel nacional, con el concurso de todos los agentes implicados de las distintas regiones del país, arbitrados y dirigidos por la administración estatal, quien además debe impulsar acuerdos de colaboración con otros países tanto del continente europeo como del africano. Se trata de una actuación a nivel global, intercontinental y con políticas de gestión transfronterizas que requiere un gran esfuerzo y que sin lugar a dudas supone un reto apasionante.

La Federación Andaluza de Caza, ya ha dado los primeros pasos, ya que en la actualidad, junto con la participación de la Universidad de Córdoba y la Consejería de Medio Ambiente, se encuentra inmersa en la ejecución de un estudio sobre la fenología migratoria de los zorzales, además junto con la administración andaluza en materia de caza se ha instado a la administración estatal a que impulse una estrategia nacional para la gestión de las migratorias. Nuestro próximo objetivo deber ser la tórtola.



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