- 06/09/2010
- Categorías: Artículos, Cosas de Caza
Las pasadas vacaciones estivales me han permitido recuperar el placer de la lectura y entre los varios libros leídos quiero destacar uno escrito por don Miguel Delibes (qepd) y que, por supuesto, trata sobre la caza; su título “El último coto”. Publicado inicialmente en el año 1992 por …
Las pasadas vacaciones estivales me han permitido recuperar el placer de la lectura y entre los varios libros leídos quiero destacar uno escrito por don Miguel Delibes (qepd) y que, por supuesto, trata sobre la caza; su título “El último coto”.
Publicado inicialmente en el año 1992 por Ediciones Destino, “El último Coto” es un librito de fácil y cómoda lectura, escrito a modo de diario de campo y que recoge, en sus más de 200 páginas, las impresiones y opiniones del autor sobre la naturaleza y la caza.
El libro está estructurado en breves capítulos, todos coincidentes con días de caza, abarcando desde la temporada cinegética 86/87 hasta la temporada 90/91 y en él, a modo de diario de campo, el autor recoge sus impresiones del día de caza deteniéndose, especialmente, en la contemplación de la naturaleza y en el análisis de los problemas que acucian a la caza.
Es un libro interesante, muy bueno y, desde el punto de vista cinegético, de indudable valor documental e histórico y una muestra evidente de que, en la caza, no necesariamente cualquier tiempo pasado fue mejor. Las enfermedades del conejo, los estragos que los usos agrícolas producen en la fauna silvestre, las repoblaciones de perdices, la vacuna del conejo, los predadores, etc… son temas que encontraremos analizados en las páginas de EL ÚLTIMO COTO con la visión crítica, precisa, objetiva y cinegética de Delibes.
La lectura de EL ÚLTIMO COTO es enriquecedora y, por tanto, debe ser obligatoria para el cazador. “El viejo cazador”, como don Miguel se denomina así mismo en el libro, nos permite conocer cómo entiende la caza y cuáles son los problemas y las inquietudes del cazador de finales de los 80 y principios de los noventa, permitiéndonos comprobar que son idénticos a los que nos preocupan en pleno siglo XXI; sin duda, este es su valor más destacable: su actualidad pues, a pesar del tiempo transcurrido, el libro no pierde un ápice de interés.
A continuación reproduzco varios pasajes de algunos de sus capítulos que te permitirán comprobar lo que digo:
“ … La libertad del cazador, entre unas cosas y otras, se la va llevando la trampa. El campo se trabaja para producir cereal y no perdices. La perdiz silvestre es la pagana de un medio domesticado y, de rechazo, lo es también el cazador. Y vista la eficacia creciente de las máquinas no parece lejano el día en que el tránsito del páramo a la nava se haga no a través de la ladera agreste donde cazamos sino mediante tres bancales asépticos y cultivados que lo suavicen, con lo que la perdiz quedará a la intemperie y, acosada por herbicidas, abonos, fuel y motores de explosión, lo pasará muy mal. Cuando el viejo cazador habla, pues de su último coto, no se refiere solamente a su decadencia física, a su progresiva decrepitud sino también a esta gradual desaparición de la naturaleza y a su sustitución por una tierras peinadas y acicaladas, cada día menos propicias a la ocultación y la sorpresa …” (página 17).
“ … esta deserción de la tórtola es un misterio; nadie ha explicado su ausencia. Yo recuerdo que hace pocos años, uno cogía el coche en primavera y en cada sombrajo de la carretera había tres o cuatro parejas … Bueno pues todo esto se lo ha llevado la trampa ¿Qué trampa? Eso es lo que hay que averiguar. Hay quine habla de los herbicidas, de la mancha verde marroquí, de la progresión del desierto africano, del mar y de los peces. Pero ¿cuál puede ser la verdadera causa de esta deserción general?…” (pag. 86).
“ … la caza, tanto como actividad, es imaginación. De Canarias llega una buena noticia referente el conejo. Según dice, en algunos ejemplares afectados por la neumonía hemorrágica se han detectado anticuerpos generados espontáneamente por el bicho como defensa contra la enfermedad, o lo que viene a ser lo mismo, ciertos gazapos canarios se inmunizan así mismos …” (pag. 125).
“… Con la esperanza de que el ejemplo cunda, los consocios de El Bibre decidimos cerrar hoy voluntariamente la temporada. Oficialmente nadie se ha pronunciado pero quienes anteponemos la naturaleza a la caza no vemos otra salida honrada que ésta …” (pag. 140).
Y, por último, un extracto de mi capítulo preferido y titulado “El verdadero cazador (3-VI-89)” qué nos muestra cómo entiende la caza Delibes y cómo entiende ser cazador:
“ … Alguno se sorprenderá si afirmo que el objetivo del cazador no es matar, hablo de su primer objetivo y del cazador noble. Quien salga al campo con la idea de amontonar piezas sin preguntarse el por qué, el cómo y el cuándo no es propiamente un cazador sino un exterminador; un ser que en la jerga cinegética conocemos vulgarmente con el sobrenombre de carnicero. Con esto no quiero decir que no abunden los carniceros, sino que es injusto que tome esta figura como arquetipo del cazador para justificar las teorías abolicionistas. Para el cazador deportivo, el hecho de abatir en una jornada dos o diez piezas no es esencial; lo esencial es la manera de hacerlo, las dificultades que salvó y lo acertado de la estrategia puesta en juego para lograrlo. Y, aun por encima de esto, todavía pondrá el disfrute de la naturaleza, el milagro del crepúsculo matutino, el placer de hollar la escarcha virgen, o la actitud del perro, nuestro inseparable compañero. En una palabra, el verdadero cazador es capaz de disfrutar de un placentero día de caza sin necesidad de disparar la escopeta …” (pag. 122).
En resumidas cuentas, una verdadera joya que no debes perderte.
