Pese a que con mucha frecuencia estamos leyendo artículos y noticias sobre la Perdiz Roja, no es menos cierto que es mucho el camino que nos queda por recorrer para comprender todos los factores que están influyendo en el declive poblacional que está sufriendo la patirroja en las últimas décadas en toda Europa. Uno de los aspectos más controvertidos, y sobre el que casi todo el mundo tiene algo que opinar, es su liberación en los cotos como medida de reforzamiento poblacional, o lo que comúnmente llamamos repoblación.

Cabe hacer una primera distinción en este aspecto, y es diferenciar claramente una suelta (liberación de individuos para su caza inmediata) de una repoblación (liberación de individuos para mejorar las poblaciones silvestres). Si nuestro caso es el primero poco tenemos que añadir, pues esta no es una medida de gestión y entre los ejemplares que cacemos y los que sean depredados, en pocos días no quedará vivo ninguno de ellos. No obstante, si estamos gestionando el coto y nuestro caso es el segundo, tendremos que controlar una serie de parámetros que maximicen la supervivencia de las perdices y el cumplimiento del fin que nos proponíamos. Entre las medidas imprescindibles van a estar la pureza genética de los individuos a liberar, el cálculo del número de individuos que han de soltarse según las condiciones del coto, la fecha de la suelta, el método (solitarios, bando, directamente, con aclimatación previa…), la provisión de refugio, agua y alimento de calidad, etc.
 
Pero tenemos que ser conscientes de los peligros que entraña una repoblación, y en este sentido comentamos un artículo de Díaz-Sánchez y col. (2012), que comprueban uno de esos factores de riesgo asociados a las repoblaciones, la carga de parásitos que llevan los individuos de granja.
 
 
Los problemas que acarrean las cargas parasitarias excesivas son básicamente un efecto negativo sobre la supervivencia y capacidad reproductiva de las perdices que los portan, y lo que es peor, su posible transmisión a los individuos silvestres. Estos problemas suelen agravarse si en el coto existen puntos de congregación de individuos y, consecuentemente, de transmisión de parásitos, tal y como ocurre en los bebederos o simplemente en los pocos puntos de agua naturales que quedan en el rigor del verano de nuestra sufrida Andalucía. Además de todo ello, los parásitos no solo pueden transmitirse a las propias perdices, sino a otras especies presentes en el coto, incluidos animales domésticas y nosotros mismos.
 
Existen dos tipos de parásitos que pueden transmitirse en estas condiciones, los externos (insectos y arácnidos) y los internos (bacterias), y la investigación que nos ocupa analizó el papel de éstos últimos en la repoblación con perdices. En concreto se analizó la incidencia de 3 tipos de bacterias presentes en el sistema digestivo de las perdices:
 
– Echerichia coli: que en altas cantidades produce colibacilosis aviar y altas mortalidades entre las aves de granja.
 
– Campylobacter sp.: bacteria que se encuentra como comensal en el intestino de las aves.
 
– Salmonella sp.: que produce la famosa salmonelosis, mortal por deshidratación especialmente en el estío.
 
En el citado estudio se analizaron 544 ejemplares divididos en tres grupos según su origen de cría: perdices de granja (184 individuos de 6 granjas distintas), perdices liberadas en cotos procedentes de granja (193 individuos de 4 cotos) y perdices procedentes de poblaciones silvestres (167 individuos de 4 cotos). El estudio abarcó a distintas provincias españolas incluyendo Ciudad Real, Toledo, Cádiz, y Navarra, y el objetivo fue determinar si existían diferencias de prevalencia (presencia) de las bacterias entre los tres grupos descritos.
 
 
Los resultados obtenidos fueron dispares para los tres grupos de bacterias pero la conclusión muy rotunda, las repoblaciones pueden actuar como forma de transmisión de patógenos a las poblaciones silvestres. En concreto, la bacteria Salmonella solo fue encontrada en perdices de granja, y la presencia de Campylobacter y especialmente Echerichia coli fue mayor en perdices de granja (45 %) y perdices repobladas (60 %), que en las perdices silvestres (6 %). Los autores citan como una de las posibles causas de estas diferencias, el stress del transporte y el cese de la administración de antibióticos tras su liberación al campo. Nos encontraríamos ante un círculo vicioso, donde para evitar la propagación de enfermedades en la granja se requiere del uso de antibióticos; pero cuanto más los usemos, más información les damos a las bacterias de cómo resistirlos, y en cuanto dejemos de suministrarlos (lo que ocurre al liberarlas) difícilmente acabaremos con ellas.
 
De esta forma, no solo la pureza genética de las perdices a liberar es necesaria para tener ciertas garantías de éxito, sino que existen varios factores, y la carga de parásitos es uno de ellos, que pueden hacer que nuestras perdices cuenten con altas probabilidades de padecer enfermedades y, lo que es peor, con la posibilidad de transmitirla a los pocos individuos silvestres que van quedando en el campo. En casos de este tipo es muy difícil determinar las relaciones causa-efecto, pero la repoblación indiscriminada sin planificación, sin garantías genéticas y sanitarias y sin intervención previa gestionando el medio que las acogerá, puede estar detrás de la regresión que vienen sufriendo las poblaciones de perdiz en España o, al menos, ser un factor más que contribuya a esta situación. Acudiendo al refranero español… puede ser peor el remedio que la enfermedad.
 
Bibliografía citada
Díaz-Sánchez S. y col (2012). Prevalence of Escherichia coli, Salmonella sp. and Campylobacter sp. in the intestinal flora of farm-reared, restocked and wild red-legged partridges (Alectoris rufa): is restocking using farm-reared birds a risk? European Journal of Wildlife Research, 58: 99-105.


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