Esperando al sucesor de Félix

Alejandro Muñoz Carrillo, cazador, escritor y docente

Descrito Massimo Fini «el animalismo es la enfermedad infantil del ecologismo» y más allá de esta acertada afirmación para el que escribe, reflexiono en estas líneas sobre lo que se esconde tras el descrédito de la caza en nuestra sociedad. En un mundo donde están en jaque los valores que acompañaron al hombre hasta principios del siglo XX, proliferan por doquier los nuevos “ideales” de la naciente sociedad que se quiere cimentar, por supuesto, demoliendo todo lo edificado durante milenios a través de los medios de comunicación, principalmente televisión e internet. Concretamente, el ideal último del animalismo es la regresión del ser humano al ser herbívoro desprendiéndose de la superioridad evolutiva y moral que nos supuso el ser cazadores. Es decir, se quiere alterar la jerarquía de la naturaleza con el fin de igualar al hombre y al animal, y con tal objetivo se dinamitan cimientos como la religión, la familia o el lenguaje, que eran pilares básicos en la separación evolutiva. Pero incluso se quieren transgredir las propias reglas inmutables de la naturaleza, haciendo distinciones dentro del reino animal, para dejar claro que hay animales de primera (como el gato, el perro o el elefante) y animales de segunda (la mayoría de los insectos, tórtola o rata). Y, por tanto, el bienestar de unos se permite a beneficio de inventario, aunque perjudique a otros, hecho inequívoco y sangrante que se puede observar con las colonias felinas.

Lejos quedan ya afirmaciones para la historia del gran Rodríguez de la Fuente como «la naturaleza es un concierto entre los vivos y los muertos» siendo la depredación «el sagrado transvase de energía del reino de los vivos al de los muertos». El gran Félix, que consiguió enganchar a media España a un documental, pero no a una espectacular y dramática lucha de leones en medio del Serengueti, que por su propio espectáculo no necesita locución, sino a ese par de cuervos sobrevolando la meseta extremeña en busca de un fétido cadáver, todo con una sensibilidad hacia la totalidad del reino animal y siendo uno de los mejores oradores del siglo XX. Y es que un verdadero ecólogo como él había observado que se podía amar a los animales y cazarlos, como hacían muchas comunidades primitivas con las que convivió. Baste decir que el propio Félix era cazador.

En estos precisos momentos, mientras ustedes leen estas líneas al hombre se le aleja de la muerte, vislumbrándose lejana, y mientras se quiere extender una forma de pensar que se sustenta en que el ser humano es una especie animal como las demás (me parecen respetables los postulados del ateo). Además, se quiere ir contra la naturaleza con una moral ajena a esta y a las leyes que la rigen. En otras palabras, el animalismo no quiere volver a la naturaleza y verse reflejado en ella, sino gestionarla según estos nuevos ideales del filántropo, a todas luces antinaturales. Palmariamente, tras las bambalinas de este reciente ideal de nuevo cuño, se esconden unos poderes fácticos que saben que para 2050 seremos cerca de 10.000 millones de personas y que el patrón de vida y alimentación actual es insostenible si muchas personas se incorporan al modo de vida occidental. Por tanto, han de promoverse movimientos como el animalismo y el veganismo o la incorporación de fuentes proteicas como los insectos o la carne artificial. Y ante esto, querido lector cazador o simplemente lector tolerante y consciente del milenario funcionamiento de la naturaleza, nos encontramos actualmente.

Por consiguiente, solo queda mostrar y explicar de la mejor manera posible el mundo de la caza (siempre en binomio con la conservación) y erradicar las imágenes y actos del propio colectivo de cazadores que nos perjudican (y que esperan como agua de mayo los animalistas). Así pues, como el que espera al mesías, se debe esperar a ese ecólogo (que por supuesto no puede ser cazador, ya que la sociedad actual no lo permitiría al estar ya desacreditado por el mero hecho de serlo) que fragüe en nuestro país la verdadera y olvidada ecología prescindiendo del lastre animalista. Lo necesitamos los cazadores y todas aquellas personas que quieren seguir rigiéndose por los valores morales que nos trajeron hasta aquí. Desafortunadamente, desde mi perspectiva como docente, y con base empírica, no puede ser el propio Félix, la juventud de hoy se pierde en mitad de ese lenguaje original, hiperbólico y culto. Ahora, los tiempos de cambio parecen indicar que deberá ser un youtuber o influencer que conecte con los más jóvenes y que muestre sin reparos (como se hacía en el Hombre y la Tierra) el verdadero y único rostro de la madre naturaleza. Deberá volver a la esencia compleja y bella, pero también cruel inherente a la naturaleza, alejándose de las nociones humanas del bien y del mal que no tienen cabida en el medio natural.



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