Llevo años repitiéndolo: no podemos defender y abogar por la caza sostenible mientras las redes sociales siguen infestadas de imágenes para el exceso y la irresponsabilidad que hacen inverosímil para la sociedad “no cazadora” nuestro argumento de una caza responsable, respetuosa y necesaria.

No se trata de recurir al tan criticado argumentario de la demagogia y lo políticamente correcto: la caza es y será casi siempre muerte. Pero si algo he aprendido tras varios años en contacto directo con los cazadores federados andaluces es que, por encima de muerte, la caza es campo, naturaleza, respeto a la fauna a través de su profundo conocimiento, ratos de amistad, esfuerzo físico, horas de silencio… y muchas cosas más; pero sobre todo el lance: ese instante extremadamente breve y bello de adrenalina del hombre sólo ante la naturaleza.
 
¿Por qué no es un poco de eso lo que mostramos en las redes sociales e Internet? Juntas de carnes con animales apilados, sangre y vísceras, perchas con más piezas de las permitidas en los cupos, comentarios sobre la cantidad de zorros matados… Sí, reconozcámoslo, la caza también es un poco eso. Pero… ¿es lo que queremos mostrar a la sociedad?
 
 
Esas imágenes y comentarios son introducidos en redes sociales con millones de usuarios. No todos, ni siquiera la mayoría, entienden la caza. Sin embargo, un solo click, un leve movimiento de dedo, puede hacer que una de esas imágenes den la vuelta al mundo en pocos segundos llegando a quienes pueden interpretarlas lejos de su contexto o en base a sus ideologías, en muchos casos contrarias a la caza.
 
No se trata de renunciar a la foto con el trofeo ni de obviar lo que es intrínseco a la propia caza. Se trata de cuidar la manera en que comunicamos nuestra afición al mundo. Vivimos en una sociedad global de la información donde la imagen que proyectamos a los demás es parte de nuestra reputación. El cazador no puede vivir al margen de esta coyuntura si quiere defender la sostenibilidad y el respeto medioambiental de la caza.
 
Estas reflexiones surgen por la noticia aparecida en estos días de que la Guardia Civil ha detenido a cuatro furtivos a raíz de la grabación de un vídeo en Doñana que posteriormente publicaron en Facebook. Este caso, que ha servido para “dar caza” a quienes enmascaran sus delitos bajo el buen nombre de la actividad cinegética, nos sirve para plantear una reflexión: ¿somos conscientes de que lo que publicamos en las redes sociales respecto a la caza y sus modalidades tiene mayor transcendencia de la que pensamos y forma parte de la imagen pública que proyectamos a la sociedad?
 
Recientemente, en el marco de la mesa redonda “La caza en el siglo XXI” que se celebró en el I Foro Andaluz de la Caza, se concluyó la importancia de que exista una voz fuerte, unánime y representativa que defienda la importancia de la caza social y su imagen ante una sociedad cada vez más urbanita cuya lejanía del campo le hace rechazar una actividad tan útil, importante y natural como la caza. Lo acertado de esta conclusión es indudable, pero habría que dar un paso más…
 
Hemos superado la era en que las grandes instituciones y organizaciones eran las únicas con potencial para llegar a los medios de comunicación social. Hoy, todas las personas, de manera individual, disponen de una herramienta de comunicación sencilla y con un potencial incalculable: un móvil con Internet y acceso a una red social ofrece a cada cazador la posibilidad de proyectar su propia imagen de la caza. Un comentario, un tweet o una foto pueden ser vistos en cualquier momento y en cualquier parte del mundo. Hasta el punto, como hemos visto, de ser prueba suficiente para detener a un delincuente.
 
La caza no puede venderse como sostenible mientras, por ejemplo, se muestren imágenes de perchas que superan los cupos (nadie tiene por qué interpretar que las piezas que aparezcan en esa percha son de varios cazadores). La caza no sólo debe ser respetuosa y sostenible, también debe parecerlo; y todos debemos contribuir a ello.
 


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