Cada día que pasa empiezo a estar mas desengañado del mundo de la caza, mejor dicho, de todo el mercantileo que existe alrededor del mundo de la caza, que no de la caza con mayúsculas, ya que jamás podré renegar de algo que ha llenado y sigue llenando de sentido gran parte de mi existencia.

Empiezo a leer con verdadero desasosiego a los que vaticinan que estamos asistiendo a la casi segura extinción de nuestra querida perdiz roja y lo que más me molesta es la actitud casi de resignación que se muestra ante un fenómeno que nos hacen ver como irreversible, algo  que les puedo asegurar que no es cierto, lo  que pasa es que eso es algo que a unos pocos les viene muy bien, puesto  que esa decadencia e incluso su extinción  les garantiza su negocio, pero por la parte que a mi me corresponde, se pueden meter su producto por donde les quepa ya que lo único que han conseguido ha sido llenar nuestros campos de porquería.
Haciendo memoria recuerdo como Miguel Delibes hace ya varias décadas anunciaba el declive de la perdiz, pero por supuesto  nadie quiso entonces escuchar sus sabios argumentos, sus postulados de comportamientos éticos con respecto a la caza y a la vida misma, todos  ellos quedaron como sentencias que nadie pudo rebatir pero a los que no interesaba hacerles mucho caso, entre  otras razones porque incomodaban y podían remover muchas conciencias y no se contentaron con dejarlas como ideas bellas y bien expuestas, sino que por el contrario se potenciaron otras facetas del ser humano -que no lo son precisamente- y así se enaltecieron los afanes competitivos, el individualismo y las vanidades, transformando nuestra entrañable actividad en un puro espectáculo.
No importaba lo que tuviésemos que hacer con tal de ver satisfecho nuestro ego, si  con tal de conseguir esa satisfacción tenemos que cargarnos literalmente una raza de perro, no  importa, nos la cargamos y a  otra cosa.
Que esos perros no sirven para cazar ¡que  mas da!, de todas maneras para la caza que hay?; pero  no se preocupe usted, que si en su terreno no hay perdices, yo se lo lleno y según sea su cartera se lo lleno con mas o menos cantidad e incluso dependiendo de lo que esté usted dispuesto a gastarse, se lo lleno con mas o menos calidad, es decir con pájaros que se parecerán bastante a las perdices y además esto tiene un añadido y es que en esos terrenos si podrá disfrutar de esos perros espectaculares,  o mejor dicho de esos perros de espectáculo.
Qué sabrán todos esos listos de lo que realmente es la caza, qué sabrán sobre nuestras sensaciones íntimas y profundas, ajenas a verbenas y aplausos. Lo que siente un cazador con la única compañía de su perro en la soledad de una sierra o en la inmensidad de una campiña, enfrentandose a unos animales salvajes, regalos de la divina naturaleza, son  sentimientos que no pueden medirse y son vivencias compartidas entre el cazador y su perro y que se quedan grabadas en nuestra memoria de forma imborrable.  
Necesitamos mayor seriedad con respecto a todo esto, plantearnos con rigor estos temas y si se tocan estos puntos en una tertulia, en un artículo, en un blog, creo sinceramente que se deberían hacer con una visión positiva, aportando ideas y soluciones, buscando que nuestras propuestas lleguen a más aficionados que estarán también preocupados por todo esto, buscando opciones y soluciones.
 
Lugares que antaño eran verdaderos emblemas de nuestra querida perdiz y con un reconocimiento a nivel mundial, hoy  se han transformados en verdaderos gallineros.  Posiblemente estemos esperando que a algún iluminado se le ocurra hacer estupendos  programas de “recuperación de la perdiz roja” para  así intentar sacar beneficio (subvención) incluso de su desaparición. Insisto, falta poner el corazón con todo esto y salvar a la perdiz de verdad, no nos dejemos llevar por las facilidades ni engaños, ya lo dice el refrán, pan para hoy, hambre para mañana
Si hoy nos preguntásemos ¿cuanto daríamos por volver a cazar en aquellos terrenos y con aquellas perdices? seguro que todos afirmaríamos que lo que fuese, aunque  nos lo tuviésemos quitar de comer. Pues no les quepa la menor duda de que esto solamente lo sacamos adelante los propios cazadores, por eso hemos de reaccionar ya y ponernos a ello.
En estos momentos toca invertir los términos, lo  mismo que antes pusimos muchísimo empeño en cazarlas ahora toca poner el mismo empeño en recuperarlas, a fin de poder seguir disfrutando todo el tiempo que la Providencia nos permita de su maravillosa caza.
No hagan caso de agoreros y pesimistas y aunque digan que eso es un empeño imposible, yo les digo que si todos remamos en la misma dirección seguro que llegaremos a la orilla, con mucho esfuerzo pero llegaremos.


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