Creo, amable lector, que todos conocemos y entendemos el alcance y significado de la expresión "políticamente correcto" como aquel comportamiento o lenguaje que pretende no herir la sensibilidad de nuestro oponente, contrario o prójimo. En el mundo de la caza, especialmente la andaluza, este tipo de comportamiento está a la orden del día entre nuestros representantes públicos o políticos.

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Actualmente, no hay feria, evento, jornada o foro cinegético al que no acudan nuestros políticos y representantes públicos para hablar, con la corrección política al uso, de los beneficios que reporta la caza en Andalucía. El patrón es el mismo siempre: no suelen profundizar mucho sobre caza y se centran exclusivamente en una serie de datos económicos que muestran la importancia económica de la caza andaluza; de esta forma, hablando en términos económicos no molestan a otros profesionales de la política del mismo bando o del contrario y, cómo no, para no traicionar a su subconsciente vaya a ser que, por error, en vez de cazar diga asesinar, o en vez de cazador diga asesino, que en el fondo es lo que piensa, faltaría más.
 
Este comportamiento puede molestar a muchos de nosotros porque evidencia un conocimiento muy superficial de la caza. Sin embargo, lo peor llega cuando los micrófonos se apagan y los fotógrafos se marchan, cuando nuestro político o representante acude a su despacho y se quita la hipócrita careta de lo políticamente correcto y se dispone a legislar o administrar sobre caza. Es entonces, sobre la mesa de su despacho, entre órdenes, resoluciones y decretos cuando el cazador sí que es un asesino y la caza debería estar prohibida.
 
Tal y como empezaba mi nueva entrada de blog, esta es desgraciadamente la realidad política en relación a la caza en Andalucía. Venimos desde hace años asistiendo a un uso reiterado de lo políticamente correcto en materia de caza, fundamentalmente posponiendo decisiones legales importantes en materia de gestión cinegética, con el único objeto de no molestar a esos grupos que se dicen defensores de la naturaleza y tampoco a esos otros representantes públicos que piensan que la caza no debería existir en pleno siglo XXI. 
 
Sin embargo, se olvidan nuestros representantes que para los cazadores andaluces este comportamiento se nos revela como políticamente incorrecto. En el uso de lo políticamente correcto estamos discriminados por parte de nuestros representantes públicos y, la verdad, ya nos hemos cansado de tanto hipócrita suelto; a partir de ahora, nosotros también dejaremos de ser políticamente correctos.