En estos últimos días han aparecido, desgraciadamente, noticias que a todos nos sonrojan y nos preocupan. La muerte de dos linces por disparos nos parece, como ciudadanos, un hecho repugnante. En este sentido se han producido, como no podía ser de otra manera, declaraciones de los representantes de los cazadores exigiendo que no se criminalice al colectivo. Frases como: "a los autores no se les puede llamar cazadores sino delincuentes"; exigen diferenciar al colectivo y a la práctica de la caza de comportamientos personales e individuales de unos malnacidos.

Img Que cada palo aguante su vela

Sin embargo, la obsesiva defensa del colectivo de cazadores y de la actividad cinegética ante estos acontecimientos puede dar la sensación de una autoculpabilidad que en absoluto nos corresponde. Me explico... Si como todos sabemos y afirmamos estos delincuentes NO son cazadores, saltar como resortes para defendernos de comparaciones y generalidades mal intencionadas alimenta las pretensiones de quienes inculpan a todo el colectivo. Por qué tenemos que sentirnos responsables, los cazadores de bien, de los comportamientos de unos ciudadanos desequilibrados. Es que estos delincuentes dejan de pertenecer al conjunto de la sociedad por el hecho de tener licencia de armas. No acepto, como cazador, la más mínima comparación, responsabilidad o culpa respecto de estos hechos deleznables. Solo, como haría cualquier ciudadano, los condeno y los denuncio.

Debemos tener cuidado con ese impulso que nos lleva a buscar actuaciones que puedan contrarrestar, ante la opinión pública, estos hechos u otros; si lo hacemos, esos grupos radicales habrán conseguido que parezcamos los responsables subsidiarios cuando es, en todo caso, la sociedad como tal la responsable de las actuaciones de sus ciudadanos. Ese discurso acerca de la imagen de los cazadores, haciéndonos creer que el problema fundamental del rechazo social de la caza es la imagen que transmitimos, no es del todo acertado. Los detractores de la actividad cinegética, el falso ecologismo o los movimientos animalistas tienen decidida su postura hagamos lo que hagamos. Como en todos los colectivos -pongamos por ejemplo la política- existen indeseables que ensucian la actividad, y no por ello, los políticos, se sienten avergonzados de serlo, más bien por lo contrario niegan la mayor.

Lo que la caza necesita es más activismo por parte del colectivo y abandonar cualquier sensación de culpabilidad por lo que hacemos o de responsabilidad por lo que hagan unos delincuentes. La imagen de un Rey pidiendo disculpas por ser cazador no puede servirnos de ejemplo. Yo no tengo porque justificar permanentemente mi afición ante quienes no me respetan, ni convencerlos de que soy tan buena persona como cualquiera de ellos. La caza es mi derecho y los derechos se ejercen sin miedo.