Publicaba hace unos días un compañero cazador, su balance de la temporada de caza que está a punto de terminar o terminada, según que CCAA. Se refería al resultado de las capturas o a la densidad de caza avistada. Concluyendo él, y otros muchos, en que ha sido una mala temporada de menor. Amén de ese balance -fundamental para diagnosticar la situación de la caza menuda-, me gustaría hacer otro diferente en el que no se incluyen ni números, ni resultados.

Img Mi balance de la temporada

La caza, además de su fin literal, es algo más. Mucho más. Y este balance recorre el otro aspecto de la misma, aquello que recibimos o damos independientemente de los resultados de cada jornada. Un valor añadido, cuando no el principal, que es la base de nuestra actividad. Para ello he recorrido y recordado las publicaciones de muchos amigos en sus cuentas de facebook o las imágenes intercambiadas a través de whatsapp. 

Veo y leo: fotos de cazadores longevos que comparten experiencia con jóvenes cazadores y comentarios maravillosos entre generaciones dictantes; fotos del pequeño Álvaro ayudando a su padre a levantar un puesto de reclamo o dando de beber a sus podencos; relatos de jornadas de caza compartidas por amigos que se reúnen o se visitan a pesar de las distancias; fotos de nuestros perros, donde se reflejan los cuidados, las ilusiones de las nuevas camadas o los intercambios que nos permiten mantener relaciones entre cazadores de cualquier punto. En mi caso, repaso las fotos de las jornadas de caza compartidas con mis hijos y me pregunto: ¿mi relación con ellos sería la misma sin la caza?... ¡Que suerte tengo!, me respondo. Todo un mundo de relaciones, imágenes, sentimientos y sensaciones que reflejan el fondo de la primera actividad colectiva del hombre. La Caza. Quizás la que inicio la necesidad de las relaciones entre los seres humanos. 

No me queda por tanto más que hacer un balance POSITIVO de la temporada. Como lo han sido todos mis balances desde que comencé a cazar. Como lo serán todos los que me queden por hacer. Porque LA CAZA no puede tener otro balance más que el de los sentimientos, las vivencias compartidas, la amistad, el respeto, el amor a nuestros perros, el disfrute de la naturaleza. Os animo a repasar todo lo que habéis vivido esta temporada. Estoy seguro que vuestro balance será el mismo. 

¡YO SOY CAZADOR!.... ¡¡VIVA LA CAZA!! 

¡FELIZ AÑO CAZADORES!