Desde siempre las migratorias: tórtolas, torcaces, codornices o zorzales, han sido la pasión de cualquier cazador que se precie. Recuerdo como siendo un niño dormíamos en el campo la noche anterior a la apertura de la llamada "media veda" con el fin de coger los mejores puestos, y como he pateado las alfalfas de Huesa, los algodones de Villanueva o los rastrojos de Tembleque -con mi inolvidable GRETA (braca alemán)- para cazar las escurridizas codornices. Y ese frío horrible de los amaneceres en las márgenes del Guadalquivir apostados a la salida de los zorzales.

Img Zorzal Charlo (Foto: Francisco Ramírez)

Es evidente que estas especies, que tienen la desgraciada condición de no permanecer en un territorio concreto durante todo el año, nos han hecho vivir momentos inolvidables. Sin embargo, los cazadores, no les hemos correspondido con el respeto y cuidado que se merecen. A las migratorias jamás se las ha tenido en la misma consideración que a las especies cinegéticas sedentarias; frases como: "si no las cazamos nosotros las cazaran otros" o "las migratorias van de paso", son el claro ejemplo de la doble vara de medir con la que tratamos a las unas y a las otras. Mientras las especies sedentarias acaparan nuestros esfuerzos para su mantenimiento y recuperación; las migratorias reciben el peor de los tratos.

Estas especies cinegéticas han sido y siguen siendo un objetivo prioritario del comercio de la caza. Las ofertas de tiradas inundan las redes sociales ofreciendo puestos a precios muy considerables sin informar, en esos anuncios, de las limitaciones establecidas por Ley en lo referente a los cupos de capturas. Es por tanto poco creíble que alguien pague una cantidad importante por abatir cinco tórtolas o veinticinco zorzales (cupos establecidos en Andalucía).

Mención especial merecería el tema del zorzal, que ha pasado de ser una especie despreciada y que no valía el precio de un cartucho, a ser la migratoria más perseguida y acosada; cazándolos sin tregua en mano y en puesto, a la mañana y a la tarde para conseguir perchas que eleven nuestro ego.

Las migratorias están en clara recesión por distintos motivos, y los enemigos de la caza han encontrado en ellas el primer punto débil por donde atacarnos. Si no somos capaces de entender que cualquier especie cinegética, sedentaria o migratoria, se merece el mismo respeto y cuidados, si no tomamos medidas urgentes de manera solidaria y global, si no dejamos de medir a nuestras maravillosas migratorias con esa doble vara...; habremos perdido para siempre la mitad de cada uno de nosotros como cazadores.